El IIBI necesita más recursos para investigación y proyectos

Para tener una idea más acabada del trabajo que realiza el equipo de técnicos del Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI), bajo la dirección de la doctora Bernarda Castillo, y los aportes al sector empresarial y a la sociedad dominicana en su conjunto, basta citar que más del 80 por ciento de los técnicos de laboratorios de microbiología de las empresas de productos alimentarios del país han pasado por la institución en capacitación y ensayos de microbiología de alimentos.
En 12 años de trabajo continuo, persevante, la institución le ha dado asistencia a 15,448 empresas. Solo en análisis de laboratorio (microbiología y mineralogía de alimentos, químicos de alimentos, residuos de aguas residuales y ensayos físicos) el IIBI ha realizado 169,338 análisis. El 90 por ciento de estos análisis corresponden a empresas alimentarias, muchas de ellas responsables de suministrar componentes del desayuno escolar en los centros docentes del país.
Además, el IIBI ha capacitado a 55 técnicos que han recibido entrenamiento de seis meses a un año. La mayoría son jóvenes graduados de universidades del país que asisten a la institución a especializarse en las áreas de servicio.
Estos resultados son motivo de orgullo para la directora del IIBI y para el equipo de técnicos que trabajan con limitaciones y precariedades económicas.
“Estos resultados son motivo de orgullo y satisfacción para este equipo de hombres y mujeres”, comentó el ingeniero Héctor Rosario, coordinador general del IBII, quien refiere, a modo de ejemplo, que para desarrollar el chocolate que se exporta actualmente a Rusia y los Estados Unidos los técnicos trabajaron alrededor de seis meses, “porque el propietario del proyecto lo quería como lo hacía su abuela”, y así se hizo. Todos felices, contentos y satisfechos.
Rosario apunta que en la institución hay cuatro áreas principales de servicio: laboratorio, medio ambiente, que maneja los residuos sólidos y líquidos de las empresas; y un servicio de transferencia de tecnología, que es desarrollada o innovada en la institución.
Precisamente la responsabilidad de Lucía Beriguete, coordinadora de transferencia tecnológica y emprendedurismo, consiste en el desarrollo de los productos, por investigación o por iniciativa propia de la institución, que puede llegar al mercado a través de la industrialización.
“La tecnología permite generar empleos, ingresos, tener un medio de vida, y permite, además, que miles de personas que residen en comunidades rurales puedan permanecer en sus hogares con sus familias”, puntualizó.
Su área tiene actualmente una cartera de más de 50 productos en condiciones de ser transferibles. “Por ejemplo, trabajamos con harinas alternativas y encontramos panaderos a nivel de barrios y de la ciudad que querían mejorar o diversificar la producción creando productos innovadores”, sostuvo Beriguete.
Beriguete dijo que otros productos, como la harina de batata y la auyama han generado mucho interés a nivel internacional porque están asociados a alimentos infantiles.
Cuatro laboratorios. Julio Mejía, ingeniero agrónomo, es responsable del Centro de Biotecnología Vegetal del IIBI que, ubicado en el sector de Pantoja, tiene cuatro laboratorios “que impactan la agropecuaria nacional con proyectos de investigación y servicios a los productores”.
La fortaleza de esta área es la propagación masiva de plantas y el saneamiento de plantas de cultivo, especialmente las musáceas. También tiene incidencia en las raíces y tubérculos, tales como la papa y la yautía coco, que estuvo a punto de desaparecer pero se recuperó. Actualmente se exportan alrededor de 20 millones de dólares al año y mantiene buenos precios en el mercado local.
“Nuestro norte en el centro es ayudar a los productores agrícolas a establecer plantaciones comerciales con material de calidad, de manera que se beneficien con plantas de diversos cultivos y obtengan buenos rendimientos a nivel de campo”, señaló Mejía.
Energía. Alejandro Tabar, encargado del área de energía renovable o alternativa, explica que trabaja en experimentación “con las uñas” porque no tienen muchos recursos para ejecutar este tipo de proyectos.
Comentó que el IIBI presentó varios proyectos, uno de ellos sobre algas marinas, pero fueron desestimados. “Aquí faltan muchos recursos, específicamente en esta área. El trabajo lo hacemos prácticamente con las uñas. Es arañando que estamos. Necesitamos recursos extras presupuesto para investigación”, puntualizó.
Plantas. La responsabilidad de Eliza Gómez, encargada del área de tecnología farmacéutica, es trabajar con todo lo relacionado con plantas endémicas, agregándoles valor y transformándolas. Un ejemplo es que de la miel de abeja se obtiene la jalea real y el propóleo, que curan múltiples enfermedades, y cremas rejuvenecedoras que hidratan la piel. “También trabajamos con el aceite especial de orégano y cosméticos. Le damos participación, asesoría y capacitación a los comunitarios”.
Vino. Julio Navarro, chileno, es ingeniero agrónomo, con un doctorado en Etnología en la universidad de Milán, Italia. Su especialidad son las formulaciones, destilaciones, fermentaciones y desarrollo de bebidas alcohólicas. Fue contratado para dar asistencia técnica y consultoría a nivel nacional a los fabricantes de vino.
El trabajo en el IIBI en los últimos cinco años ha sido notable. Innovando, utilizando técnicas modernas de etnología, ha logrado no solo el cambio de imagen de vinos producidos en el país, sino de la calidad, creando una línea de producción que ha permitido obtener en 25 días una producción de 25,000 litros de vino.
Trabajó en una línea de envasado semiautomático que permite envasar hasta 300 cajas al día. El interés de Navarro es crear una marca-país, pues entiende que aquí “hay un enorme potencial para los vinos de frutas dominicanas. Este es un territorio virgen. Lo que hace falta es masificar la producción. Estamos hablando de un tema pionero. Cualquier empresario que invierta lo hará en un negocio seguro”, aseguró.

Fuente: Periodico HOY

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